“Esta es la guasa de Cai” dice una mujer al pasar por delante de la tienda en una calle del barrio de La Viña que desemboca en la Caleta, mientras el resto de extranjeros flipamos y echamos fotos a los carteles en plan turista total.
Seguimos la calle y acabamos en la Caleta. Cadiz en verano tiene una luz cegadora, el sol refleja en la arena y en el Balneario de la Palma, blanco impoluto. El mar tiene un color azul tan intenso que se funde con el cielo, la linea del horizonte se pierde en el infinito… acordarme de esa imagen inspira estas cursiladas, ahora entiendo a algunos poetas…
La gente va con su silleta en procesión a la playa de la Viña, a pasar la tarde charlando allí al fresquito. Me asomo a la playa, respiro, y seguimos. Cruzo sus calles hasta llegar al ayuntamiento, cada esquina es un recuerdo… Parece que fue ayer cuando iba con Inma y Lourdes detrás de los currelantes como quinceañeras, cuando hicimos botellón en la Plaza de San Antonio. Parece que fue ayer cuando me perdía por primera vez por los callejones, con cañones en las esquinas con los que los franceses tiraban las bombas con las que las gaditanas se hacían tirabuzones… Mil historias que recuerdo con cariño.
Lo mejor de Cádiz es hablar con la gente porque sí, y si es de carnaval mejor. La conversación con el camarero de “El Anticuario” fue un gran momento. Cuando me vió morir con el cajón de pasodobles y el “compra y venta de arte y age” el hombre se arrancó y me contó la historia del Tio de la Tiza y los duros antiguos. La carnavalitis es así, brota cualquier día del año.
El resto de la provincia son pueblos blancos y playas paradisíacas, con dunas enormes que dan ganas de subir, luego las ganas se te quitan en los primeros 5 metros… pero merece la pena. Kitsurf, hippies, yonkis, y mucho guayonismo con arte. Impresionante puesta de sol con el faro de trafalgar de fondo… es otro Cádiz para relajarse, divertirse y desconectar por completo del mundo.
Pd.: Como dedicatoria especial tengo que decir: sebo y tosca, fujitsu, zarpá y traspón y chandá.

